Escapada a La Alpujarra (Noviembre 2014)

Hace treinta años que visité La Alpujarra granadina por primera vez; los mismos años que llevo enamorada de esa maravillosa tierra; y los mismos en los que no he desaprovechado ni una sola oportunidad para volver a recorrer sus calles (creo que ya he estado más de una veintena de veces). Es el lugar al que viajo con la mente cada vez que me encuentro agobiada y en el que logro relajarme y cargarme de energía positiva. Todo allí me gusta: la amabilidad de sus gentes, el sabor del agua que brota de sus pilones, la belleza de su arquitectura, los respetuosos que han sido en la conservación del lugar a pesar el cada vez mayor auge del turismo, su maravillosa gastronomía...Además, La Alpujarra para mi está llena de recuerdos agradables, relacionados con todas las personas con las que he visitado el lugar: los primeros viajes de infancia de mi hija y mis sobrinos; mi querido hermano pidiendo una y otra vez el plato alpujarreño; noches de terraza con mis amigos (que digo amigos, mi familia) Elena y Juan, que como yo también son enamorados de este bello rincón granadino; y ahora también mi último viaje con Eusebio y Noelia, una pareja con la que, pese a que por edad podrían ser mis hijos, comparto muchas aficiones culinarias y viajeras. Fue con ellos, con mi hija y con mi marido con los que el pasado mes de noviembre hice una escapada maravillosa de tres días al Barranco de Poqueira, zona en la que se encuentran escalonados los tres pintorescos pueblos de Pampaneira, Bubión y Capileira.
Aunque en esta ocasión sólo estuvimos tres días, estuvieron muy bien aprovechados y con tiempo para todo. Como siempre hacemos, nos alojamos en el Hostal Moraima de Capileira; se trata de un establecimiento familiar, sencillo, pero con una limpieza y un trato maravilloso en el que desde el primer momento uno se siente como en casa. Todo en este pueblo es agradable: el olor a pan recién hecho del horno de Luisa; sentarse en la terracita del bar El Tilo (¡como me gusta este bar!) y escuchar el agua brotar del pilón o delante de su chimenea cuando el frio aprieta; caminar entre nogales, a paso tranquilo, hasta el puente de La Cebadilla...aunque si tuviese que elegir sólo uno me quedaría sin duda con los paseos nocturnos acompañada de mi hija (otro enamorada de este lugar) entre cuestas empinadas y silenciosas hasta llegar al Mentidero, para una vez allí observar la maravillosa estampa de Bubión y Pampaneira iluminadas.
También hubo tiempo, en esta escapada, para visitar Pampaneira, recientemente incluida en la red de los pueblos más bonitos de España. En Pampaneira hay, en mi opinión, dos cosas obligadas (además de dejarse enamorar por sus callejuelas, por supuesto) y son visitar la bodega La Moralea y darse un homenaje gastronómico en el restaurante El Lagar. Y, por supuesto, eso es lo que hicimos porque como ya os he dicho Eusebio y Noelia son, al igual que yo, enamorados de la buena cocina tradicional, esa en la que la materia prima de primera calidad es lo más importante. Para los amantes de la gastronomía, entrar en La Moralea debe ser lo más parecido a atravesar las puertas del paraíso: embutidos, quesos, aceites, infusiones, vinos, sales, chocolates, dulces...y un sin fin de productos se agolpan en los estantes de este estupendo establecimiento.
Aquí, además, uno puede darse el placer de degustar una tabla de embutidos acompañada de vino de la tierra.
Después de abandonar esta bodega, apenas unos pasos más adelante, uno se topa con el que es mi restaurante favorito: La Bodega-Asador El Lagar. El local en sí mismo tiene un encanto maravilloso, la forma en la que te hacen sentir sus propietarios es como sentirse en casa y la comida que allí puede degustarse es sencillamente maravillosa. Raciones generosísimas de cocina tradicional, ese que se elabora sin prisas, con fidelidad a los recetarios de antaño y que te hace disfrutar en cada bocado. Nosotros en esta ocasión optamos por tortilla de vegetales (un obsequio de la casa nada más sentarnos), pollo de la abuela, jabalí en salsa (para chuparse los dedos), migas a la brasa y una ensalada de tomate "aliñao" ecológico de temporada.
Tanto nos gusta este sitio que siempre que visitamos La Alpujarra hacemos, como mínimo doblete. Esta vez también fue así y nuestra última noche fue nuestra elección para cenar. En esa ocasión nos decidimos por unas patatas asadas a la leña con alioli, una pizza casera cocida al horno de leña espectacular y unas chuletas de cordero ante las que nos faltó bien poco para levantarnos y hacer la ola.
Y para quemar los excesos nada mejor que pasear por las empinadas y bellas calles de Pampaneira; deleitarse con los coloridos de las jarapas expuestas en las puertas de sus muchas tiendecillas; darle un buen trago a la fresca agua de la fuente de San Antonio, para encontrar novio; caminar hasta el lavadero y desde allí observar los "terraos" de tierra launa de todas sus casas.
Todos y cada uno de sus rincones son realmente maravillosos.
En nuestra segunda jornada Alpujarreña, nuestra ruta gastronómica nos llevó hasta Bubión donde se encuentra el restaurante Teide, otro de mis incondicionales. Aunque todo allí esta delicioso, lo que en mi opinión merece el calificativo de plato estrella son sus migas. Recuerdo que la primera vez que las pedimos empezaron a sacar a la mesa bandejas de ensalada, melón, morcillas, chorizos, pancetas...recuerdo como nos mirábamos sorprendidos y como al final cuando nos decidimos a decir al camarero que lo que habíamos pedido eran migas él nos respondió que allí las migas se servían así. Hoy, treinta años después, siguen siendo exactamente igual. El turismo creciente no ha hecho que pierda ni un ápice de cantidad ni tampoco de calidad y eso es algo que me encanta. 
El día concluyó con una visita a un secadero de jamones, donde disfrutamos con los aromas de las miles de piezas curándose al modo natural, sin cámaras frigoríficas ni productos químicos ¡Un deleite para todos los sentidos!
Además, de camino al secadero no dudamos en hacer una paradita en Pitres donde aprovechamos para degustar los deliciosos chocolates artesanos Sierra Nevada. Lástima que ese día no estaba allí Lourdes pues me hubiese encantado conocerla en persona ya que hace un tiempo tuvo un detallazo conmigo al enviarme un magnífico lote de productos para el blog. Todo lo que hacen en su fábrica artesana es una delicia: chocolates de todos los sabores imaginables y también inimaginables, higos rellenos, trufas y tentadores bombones con sugerentes rellenos (tengo que probar los nuevos de cerveza porque esa combinación de sabores tiene que ser de diez).
Después de esta maravillosa escapada llego el momento de volver a casa, no sin antes cargar el maletero de todas las cosicas ricas que harían mi vuelta más agradable ¡Que ganas de volver me ha dado escribir esta entrada!

Barcas de vegetales, parmesano y jamón ibérico

Si hay un producto gastronómico por el que creo que me sería casi imposible convertirme en vegetariana es por los embutidos, especialmente por el jamón y más aún si es ibérico. No puedo resistirme a una de esas lonchas, cortadas bien finitas, con esa grasita entrevetada... Por eso cuando hace unas semanas recibí un paquete procedente del pintoresco pueblo de Candelario, en Salamanca, a punto estuve de derramar un par de lágrimas (pero de esas de puro placer). Redondo Iglesias tuvo la gentileza de enviarme una buena muestra de sus productos, procedentes de cerdos de raza ibérica, criados en libertad y curados siguiendo la tradición; lo que convierte a cada uno de sus productos en piezas verdaderamente únicas. Disfrutarlas, con la única compañía de un buen vino, es un deleite para el paladar pero también lo es utilizarlas como materia prima para la elaboración de platos. Yo siempre he pensado que utilizar un buen producto para cocinar ya te asegura, como mínimo, un sesenta por ciento del éxito; el cuarenta por ciento restante dependerá de las habilidades de cada uno o del pie con el que ese día te hayas mentido entre fogones. Espero que os guste. Inspiración para esta receta: Arola. Mis recetas.
Ingredientes:
Un paquete de obleas (masa para empanadillas).
6 champiñones.
1 pimiento rojo.
1 pimiento verde.
1 calabacín.
1 zanahoria.
1 cebolla.
Un puñado de guisantes frescos.
2 cucharadas de mermelada de tomate.
5 lonchas de jamón ibérico de bellota (yo usé Redondo Iglesias).
100 gramos de queso parmesano.
Pimienta recién molida.
Sal.
Aceite de oliva virgen extra.
Cilantro.
Elaboración:
Comenzamos por freir las obleas.Lo hacemos sujetándolas con una pinza (primero por un lado y luego por otro) de forma que queden con forma de barca. Una vez doradas, retiramos y reservamos. Seguidamente limpiamos la verdura (al calabacín le dejamos la piel) y la cortamos en bastoncillos. La ponemos en una sartén con aceite y cuando esté ligeramente pochada añadimos la mermelada de tomate.
Seguidamente, y ya fuera del fuego, incorporamos el queso en escamas.
Finalmente agregamos el jamón ibérico de bellota y salpimentamos.
Rellenamos los barquitos que teníamos fritos y espolvoreamos con un poco de cilantro fresco.
Y ya sólo nos queda disfrutar de este rico aperitivo.
Para elaborar esta receta he usado un magnífico jamón ibérico de bellota de Redondo Iglesias, una empresa especializada en la elaboración de jamones y embutidos ibéricos. Todos sus productos, procedentes de cerdos ibéricos criados en libertad, son elaborados de forma artesanal garantizando así el éxito de un producto único que pude ser adquirido a través de su tienda online.

Patatitas al horno

Desde que vi en el blog de Pilar, Les recptes que m´agraden, estas patatitas al horno supe que tenía que hacerlas, pues tenían un aspecto fabuloso. Después de haberlas probado os aseguro que además del aspecto tienen un sabor brutal; tanto es así que en casa se preparan al menos una vez por semana. Claro que no es de extrañar porque el blog de Pilar está lleno de cosas ricas. Además, decir que son fáciles es decir demasiado, porque realmente estas patatas se hacen solas. Se pueden tomar tal cual, o utilizarlas como guarnición pero sea como sea os aseguro que el éxito está asegurado. Espero que os guste.
Ingredientes:
400 de patatas baby (yo usé una bolsita de las que van preparadas para microondas).
3 dientes de ajo.
Tomillo y romero fresco.
Pimienta negra.
Aceite de oliva virgen extra.
Sal rosa del Himalaya (yo de Sal gourmet)
Elaboración:
Cocinamos las patatas al microondas siguiendo las instrucciones de la bolsa (si usáis otras patatas las limpiáis bien y las cocéis unos 15 minutos sin eliminar la piel). Cuando la patata esté lista se coloca sobre una bandeja de horno y se aplasta con la parta trasera de una cuchara. Deben quedar reventadas pero en una sola pieza.
Sobre cada patata se coloca un poquito de ajo que previamente habremos machacado y emulsionado con un poquito de aceite.
Añadimos un poquito de pimienta negra recién molida, una pizca de buena sal y una ramita de tomillo y romero fresco.
Rociamos con un poquito más de aceite de oliva y horneamos a 225 grados hasta que veamos que están doraditas por encima. Os aseguro que os van a encantar.
Para elaborar esta receta he usado una estupenda sal rosa del Himalaya de Sal Gourmet. Sal Gourmet es una tienda online, especializada en la venta de sal, en la que se puede encontrar una variedad inmensa de este magnífico producto: pétalos de sal, sal con especias, sales del mundo, sal líquida, flor de sal...Creo que para los que nos gusta la gastronomía este tipo de establecimientos son de un gran atractivo. En mi opinión, la sal, un elemento tan básico en la cocina, debe ser escogida con esmero, apreciando y distinguiendo los matices de cada una de ellas; utilizando la que más se adapta a nuestro platos, y aquella que potencie más el sabor de lo que estamos elaborando.