Polvorones de nutella

Cuando hace un par de días vi en Instagram que mi queridísima Bego de La Cocina de Samira había preparado unos polvorones de Nutella el flechazo fue inmediato así que rápidamente le pedí la receta. Cuando me dijo que era de Evelyn, de Cocina para burros, la alegría fue tremenda. Tanto a Bego como a Evelyn las quiero muchísimo porque ademas de ser grandísimas cocineras son maravillosas personas. Es por esto que me hacía una ilusión tremenda llenar mi cocina con los mismos aromas navideños que las suyas. Tenía claro que siendo una recetica de Evelyn a la que, además, Bego le había puesto el ojo encima el éxito estaba asegurado y vaya si fue así. Imagino que si os digo que los hice ayer y ya no me queda ni uno en casa os haréis una idea de lo deliciosos que son. Tanto es así que ya tengo los ingredientes listos para hacer una segunda tanda mañana. Espero que os gusten.
Ingredientes:
250 gramos de harina.
15 gramos de cacao en polvo.
120 gramos de azúcar glas.
120 gramos de manteca de cerdo.
100 gramos de nutella.
Elaboración:
Comenzamos tostando la harina en el horno a 120º unos 20 minutos. La dejamos enfriar y la tamizamos. En un bol ponemos todos los ingredientes.
Amasamos bien hasta que se integren todos los ingredientes. Podemos hacerlo de forma manual o ayudándonos de un robot de cocina en cuyo caso usaremos el accesorio de pala. Estiramos la masa entre dos papeles de cocina dejando 1,5 centímetros de grosor aproximadamente y los cortamos con un cortapastas. Yo antes de cortarlos metí la masa, ya estirada, un rato en la nevera para que fuese más fácil manejarla.
Horneamos a 180º (con el horno precalentado) sólo 8 minutos. Al sacarlos estarán muy blanditos y frágiles pero luego toman más cuerpo. Aún en calientes los espolvoreamos con azúcar glas.
Os aseguro que son una delicia que va mejorando de sabor con el paso de las horas.

Marquesas

Recuerdo que cuando Rebeca era pequeña al llegar la Navidad hacía siempre la misma petición: una tableta de turrón El Lobo. Me acuerdo perfectamente como todos los años iba con mi padre, su abuelo, a que le comprase una pastilla. Al llegar a casa recortaba el lobito de la caja, dejando el turrón a un lado. Estaba claro que lo que a mi niña le gustaba era el anuncio, que por aquellos entonces era de dibujos animados, y la pegadiza canción. Muy diferente era lo que le pasaba con las marquesas. Esas sí que le gustaban de verdad y se lanzaba a la bandeja navideña en busca de su dulce preferido. Esos tiernos bocados con sabor a almendras y limón y espolvoreados con azúcar glas eran sus preferidos y lo han seguido siendo hasta hoy. Por eso este año he querido hacérselas en casa y el acierto ha sido mayúsculo. Los he preparado siguiendo la receta del blog de Asopaipas que a su vez la tomo del blog de Lidia, Atrapada en mi cocina. Espero que os gusten.
Ingredientes:
4 huevos.
250 gramos de almendra molida.
120 gramos de azúcar glas.
120 gramos de azúcar en grano.
40 gramos de harina.
40 gramos de maizena.
Ralladura de un limón.
Una cucharadita de levadura en polvo.
Elaboración:
Batimos los huevos junto a los dos azúcares (glas y en grano) hasta que hayan doblado su volumen. Incorporamos después la almendra molida y la ralladura de limón.
Seguidamente agregamos la harina tamizada junto a la maizena y la levadura y mezclamos sin batir para que los huevos no pierdan el aire.
Vertemos la masa en las cápsulas y horneamos a 180º (con el horno precalentado) entre 20 y 30 minutos.
Recién sacadas del horno espolvoreamos con azúcar glas y listo.

Pasteles de gloria

Los pasteles de gloria forman parte del grupo de dulces navideños que nunca faltan en mi casa porque nos gustan muchísimo. Los hay rellenos de batata y de crema de yema y estos últimos son los que a mi más me gustan. Precisamente por eso cuando hace unos días vi en Directo al Paladar esta receta no pude resistirme. Fue amor a primera vista y la prueba de ello fue que inmediatamente después de leerla me metí en la cocina y aprovechando que tenía todos los ingredientes en casa me puse manos a la obra... y bendita obra porque realmente estos pastelitos saben a gloria. Os aseguro que me ha costado contenerme para no zamparme la bandeja de un atracón jajaja. Espero que os guste.
Ingredientes:
Para la masa:
195 gramos de azúcar.
70 gramos de agua.
150 gramos de almendra molida muy fina o harina de almendra.
35 gramos de leche condensada.
30 gramos de mantequilla a temperatura ambiente.
60 gramos de azúcar glas.
Para el relleno:
100 gramos de huevo.
100 gramos de azúcar.
45 gramos de agua.
5 gramos de maicena.
Elaboración:
Comenzamos preparando el relleno. Para ello mezclamos en un bol el azúcar junto a la maicena y le añadimos el huevo ligeramente batido junto al azúcar. Mezclamos bien y llevamos la mezcla al fuego hasta que espese (sin dejar de mover para que no se nos pegue). Reservamos hasta que enfríe en un bol de cristal o porcelana (si es metálico se pondrá de un color verdoso bastante feo).
Procedemos ahora a preparar la masa. En una amasadora con el accesorio de pala o si no disponemos de él de forma manual mezclamos bien la almendra con la leche condensada. En un cazo mezclamos el agua con el azúcar en grano y lo ponemos al fuego hasta que alcance los 115º grados (este punto es importante). Una vez que el almíbar ha alcanzado dicha temperatura lo vertemos en forma de hilo sobre la mezcla de almendra y leche condensada. Cuando esté bien mezclado añadimos la mantequilla y volvemos a mezclar hasta que se integre bien.
Veremos esta masa (que será muy blanda y pegajosa) en una superficie de trabajo y vamos amasando junto al azúcar glas.
Amasamos sin prisa hasta obtener una masa manejable y que no se pegue a las manos. una vez lista la liamos en papel film y la dejamos reposar una hora.
Después del reposa estiramos la masa finita (unos dos milímetros aproximadamente) y cortamos círculos de unos 8 centímetros de diámetro. En el centro ponemos un punto de crema de yema y envolvemos formando un paquetito.
Una vez formados los espolvoreamos con azúcar glas y quemamos la superficie con ayuda de un soplete.
Y listo. Os aseguro que es un bocado espectacular.